¿Enfrentará EU el fin de su democracia?

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@GregorioMeraz1

A cinco meses de la histórica elección presidencial del 5 de noviembre, que decidirá el futuro de este país, el círculo se cierra.

Como viaje en un tren a velocidad vertiginosa, quedan atrás desacuerdos, críticas o preferencias ilusas por otros aspirantes republicanos a la Presidencia de Estados Unidos, para dar paso a un natural, aunque incomprensible tsunami de apoyo al expresidente Donald J. Trump, culpable de 34 crímenes que lo hacen el primer mandatario convicto de la historia que traicionó la Constitución estadounidense.

Sus seguidores ignoran, olvidan o justifican 91 acusaciones criminales; además, con múltiples intentos de tomar la vía corta para mantenerse en el poder, con un fallido Golpe de Estado, que también lo hacen un expresidente consignado en 3 estados y el Distrito de Columbia, así como el primer convicto.

SE ENCIENDEN ALARMAS

A medida que se aproximan los comicios, aumenta la alarma, ansiedad y preocupación en altos niveles del partido Demócrata por la difícil perspectiva de reelección del presidente Joe Biden, según apretadas encuestas, que muestran avances de Trump en estados clave con más apoyo de afrodescendientes y latinos.

Y se preguntan si a pesar de la baja popularidad, remanentes de inflación, la inmigración, edad y votos que le resten candidatos independientes, ¿pasará lo mismo con Biden? ¿crecerá su poder? ¿se unificará el partido, ahora dividido?

Políticos, analistas y académicos, evalúan violentos escenarios a partir de enero de 2025, en que un eventual retorno de Trump, con poder absoluto sobre las instituciones de justicia del Poder Ejecutivo, la Suprema Corte de Justicia de la Nación y eventualmente del Congreso, no tendría contrapeso alguno para cumplir amenazas de persecución y venganza, y sí como para reformar el Gobierno a su gusto y conveniencia con hostigamiento político para cumplir la retribución que reitera en cada evento de campaña y entrevista, y que aplauden sus agresivos y mentirosos colaboradores y seguidores.

Un día después de su convicción, Trump calificó el juicio como “fraude”:
“Si me hacen esto a mi, que soy el candidato puntero en la carrera presidencial, lo pueden hacer a cualquiera, comparándose con la Madre Teresa, Nelson Mandela, Navalny y personajes muy superiores a él”.

Reiteró su deseo de vengarse de “todos los fascistas que tratan de detener su camino a la Casa Blanca”. Repitió ataques a la llegada de inmigrantes “enfermos, criminales, locos” que “cambian a nuestro país”. Atacó al juez Juan Merchan que lo declaró culpable y al jurado, dijo que se trató de una “farsa con un final preparado”.

PERSECUCIÓN POLÍTICA, POSIBLE RUTA

Las cada vez más agresivas acusaciones y amenazas de Trump, aumentan el nerviosismo, temor e incertidumbre sobre posibles persecuciones políticas en las amenazas y advertencias de Trump, se elevan temores desleales, cacerías políticas de enemigos, críticos y opositores.

Uno de los más grandes obstáculos que enfrentó durante su gestión, fue la burocracia federal; funcionarios de carrera encargados de ejecutar las leyes y mantener la operación del Gobierno, lo que buscará resolver con la ilegal terminación de contratos colectivos, creando el “Apartado F”, con la firma de la Orden Ejecutiva 13957.

Esta resolución señala que el Presidente y sus nominados “deben confiar en hombres y mujeres del Gobierno federal contratados para posiciones de trabajo confidencial, determinación de políticas, elaboración o cabildeo de políticas, lo que requiere la aprobación del mandatario.

Algunos podrían permanecer comprometiéndose a lealtad incondicional y obediencia, algo inédito en la historia de esta democracia, donde sólo se le jura a la Constitución.

Trump regresaría a la Casa Blanca con profunda frustración, resentimiento y coraje, que vienen desde sus investigaciones sobre la Interferencia Rusa que le permitió ganar la elección de 2016, el veredicto que lo convirtió en convicto y lo que se acumule de otros procesos y otras investigaciones.

En listas, que compartió con sus aliados, aparecen investigados y procesados criminalmente por el Departamento de Justicia, lo que genera alarma y preocupación, desde el presidente Joe Biden y su familia; el Procurador de Justicia, Merrick Garland; los fiscales Robert Mueller y Jack Smith; fiscales de Distrito y Jueces en procesos en su contra; el expresidente Bill Clinton y Hillary; el general John Kelly; su exjefe de Gabinete, el exprocurador General William Barr; su exabogado Ty Cobb; el exjefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, general Mark Milley; James Comey; Andrew McCabe; exdirectores del FBI y muchos mas. También medios de comunicación y organizaciones liberales.

CAMINO A LA REPRESIÓN

Para prevenir grandes manifestaciones contra su elección, Trump ordenará el desplazamiento de tropas en activo por todo el país, para reprimirlas al amparo de la Ley de Insurrección de 1847.

A través de incendiarios mensajes, Trump promete sacar a los demócratas que califica de “comunistas, marxistas, fascistas y criminales” que, dijo, viven como “alimañas: en todos los confines de la nación, mintiendo, robando y realizando elecciones fraudulentas”, quienes falsamente, asegura, “tratan por todos los medios, legales e ilegales, de destruir a este país y el sueño americano”.

Algunos instrumentos para su venganza podrían ser investigaciones del Departamento de Justicia o el Servicio de Impuestos IRS y todos los mecanismos posibles para despedirlos, terminar sus carreras, negarles beneficios de retiro, pérdida de propiedades y hasta de la libertad.

Lo que no necesariamente tendría que ordenar, pues todos sus nominados saben y tratarían de complacerlo por iniciativa propia, usando todos los poderes a su alcance, sin que nada ni nadie los detenga, ya que además de que se elaboran reformas legales para concederle la inmunidad absoluta, que sin base argumentaba, también la ha ofrecido a quienes trabajen con él.

De acuerdo con el exsubprocurador Rod Rosenstein, quien supervisó la investigación especial del fiscal Robert Mueller, la persecución política, violaría la Enmienda Constitucional 14, que garantiza la igualdad de protecciones bajo la ley.

El autoritarismo nunca visto en Estados Unidos debilitaría a la oposición demócrata en el Congreso e impediría el surgimiento de líderes fuertes para tratar de recuperar su espacio político.

Los medios impresos y electrónicos acusados por Trump de ser “enemigos del Estado” abandonarían su papel crítico y de periodismo de denuncia, por el peligro de perder concesiones de la FCC o ser sometidos a auditorías e investigaciones por evasión de impuestos, conexiones con espías chinos o de lo que les plazca.

¿Cómo Donald Trump podría lograr sus planes?… ¿En qué medida garantizaría el éxito de todos sus sueños y caprichos que en la administración anterior fueron frustrados por actores cuya importancia y fuerza desconocía?

Se lo contaremos en el próximo artículo.

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