“Cuando una democracia vota democracia, hay esperanza. Cuando una democracia vota dictadura, hay dictadura” FGT

Para MariSol Pérez Lizaur y familia

 

El 2 de junio de este año vamos a hacer algo más que votar, vamos a definir el tipo de nación que seremos durante los próximos 30 años, al menos. Por primera vez es posible que muchos mexicanos entendamos que votar no es el único atributo de la democracia, que ésta exige mucho más si queremos conservar algo más importante que nuestro derecho a votar; la libertad.

Más allá de los partidos políticos y sus candidatas, lo que está en juego son dos proyectos de país totalmente opuestos: el primero nos ofrece el continuismo de AMLO como “Presidente a la sombra” y una radicalización aún mayor -y sí, es posible- de la 4T hasta convertirnos en una nación sin instituciones ni división de poderes, sin derechos ciudadanos, militarizada y con una Constitución de corte socialista/totalitaria. La verdadera dictadura perfecta.

El segundo proyecto, que nos ofrece una confusa coalición de partidos, es totalmente opuesto al de AMLO. Hay que reconocer que carecen de propuestas más claras en temas urgentes cómo: seguridad, salud, migrantes, etc. Sin embargo, se distinguen por su defensa del Estado de derecho, del Poder Judicial y la preservación de las instituciones, sobre todo aquellas con más acento ciudadano: Ine, Cofece, Inai, etc.

En las semanas recientes hemos sido testigos de elecciones en otros países: Milei en Argentina, Maduro en Venezuela, Bukele en El Salvador y en todos estos casos la democracia y la libertad están bajo un acoso constante.

En lo que resta del año habrá elecciones en India, México, Estados Unidos, se renovará el Parlamento Europeo y muy posiblemente haya elecciones en Inglaterra. Literalmente medio mundo va a elecciones en un panorama donde la polarización política y los extremos son el común denominador.

La campaña -totalmente ilegal- de AMLO a favor de su continuidad y la de la 4T está en su punto máximo, para él no existe ninguna autoridad ni ley que lo obligue a respetar el proceso electoral. De hecho, ni siquiera respeta a las y los candidatos a los que personalmente ha impuesto para las próximas elecciones. A López Obrador sólo le importan su opinión y su voluntad.

Tanto el Presidente como la alianza opositora necesitan que la participación electoral sea la más alta posible; sólo de esta forma AMLO podrá lograr que sus “elegidos” al Congreso le otorguen su soñada mayoría calificada y los 16 congresos estatales para poder imponer su proyecto de Constitución.

Por otro lado, la alianza opositora sabe muy bien que si logra movilizar a la población por encima del 65 por ciento sus posibilidades de triunfo aumentan de forma exponencial.

¿Qué hacemos entonces? Convertirnos en demócratas activos, tenemos que reconocer que en México tenemos un altísimo déficit de participación ciudadana y el único culpable siempre es el Gobierno en turno.

Si cada ciudadano que crea en la libertad y en la democracia se hace responsable de convencer a cinco personas de ir a votar, vigilar que sean unas elecciones sin trampas, informarse adecuadamente y no caer en la trampa informativa de las encuestas a modo, habrá esperanza de rescatar a México de las garras del discurso polarizador y de un Gobierno totalitario e irresponsable.

En épocas de crisis mundial, la tentación de votar por líderes carismáticos populistas de izquierda o derecha es enorme, pero con un compromiso serio y un análisis sereno se puede elegir bien. Sí es posible. Si de verdad queremos un mejor país nadie ni nada podrá derrotarnos.

 

   @Pancho_Graue

   fgraue@gmail.com

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