Pride 2024: cómo va la representación

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Qué compañía lo está haciendo bien…y qué otra necesita hacer más.

Este sábado, aliadxs y miembrxs de la comunidad LGBT+ salen a marchar por varias razones. Para celebrar, sí, pero también para recordar que no hay espacio para la hipocresía. Que las marcas nunca deberían quitar la bandera que ondean en junio. Y que la representación es clave para visibilizar y normalizar un mundo igualitario.

En cuanto a medios audiovisuales se refiere, ha habido grandes avances, pero pocas distribuidoras masivas realmente se dan a la tarea de mostrar personajes LGBT+ multidimensionales y diversos. Quizá muchas compañías lo hagan para atrapar a un mercado, pero, por miedo a enajenar a otro conservador y perder ganancias, caen en el fenómeno de queerbaiting. Este término, tan ambiguo como lo que muestra, refiere a cuando una persona da señales de ser queer pero su identidad nunca se asume directamente o se encara. Por ejemplo, podríamos asumir a Bob Esponja como gay por tener una conexión especial con Patricio Estrella, pero la caricatura, fuera de lo que han dicho sus creadores de lo expuesto en el programa, nunca confirma ni niega ese hecho. Se presta a la especulación, a la vergüenza, al miedo.

Podríamos decir: “ay, pero es 2024, el mundo es mucho más abierto”. Sin embargo, un beso de un segundo—cuando la mejor amiga de Buzz besa a su pareja en Lightyear— provoca un estallido de furia y prohibiciones de exhibición en 14 países, entonces sabemos que el mundo no es igualitario. Y aunque apenas se acaban de prohibir las terapias de conversión en México, aún falta mucho camino por recorrer.

Un puente para disminuir casos de violencia y discriminación son las películas y series, sobre todo las consumidas masivamente. Sin embargo, mientras cintas como Intensa Mente 2, cuyas ganancias son de 858.8 millones de dólares hasta ahora y ha superado a Dune: parte 2 como la más taquillera del año, siga limitándose por miedo a perder dinero nunca se logrará un verdadero avance.

A pesar de ello, Netflix ha hecho un increíble esfuerzo por la comunidad LGBT+, pues muchas de sus producciones cuentan con narrativas y personajes LGBT+ en roles protagónicos, como Stranger Things, Bebé Reno o por supuesto Heartstopper. Quizá el problema está en la generación con la cual Disney está cargando, y por el riesgo a perderla, teme ganar audiencias devotas al presentar valores modernos y dejar ir los viejos. The Acolyte, con sus brujas, hizo un esfuerzo un poco más retador, pero continúa en las sombras. Ojalá las marchas, así como los resultados de compañías como Netflix, provoquen los avances de Disney y de otras cadenas por contenido mucho más diverso.

 

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